sábado, 2 de febrero de 2013

AVE DE RAPIÑA (o algún Dios observando la caída de las Torres Gemelas)






              ¿Cuántos ojos
                se plantan sobre mí
                en este instante?

Quizás los que se esconden
tras su cuaderno
en aquella galaxia de enfrente,
me respondía.
 
               ¡Cuántas hojas
                salen desde mí
                en este instante!.

Oh! Existencia trashumante
ya dudo          hasta de mi nombre:

Quizás deba volver a soñarme.
 
Allá abajo
las dos piernas de un Mercado omnipotente
se hicieron polvo como tantos otros Imperios.
Los callejones incendiaron a la Luna
en su eterna emboscada al silencio.
La policía
           la poesía
continuaron buscando su presa
                en las profundidades:

          Allá donde moría el último deseo,
          allá donde nace el primer mandamiento.
   
        ¿Cuántos ojos
         se plantaron sobre mí
         en ese instante?

La última pupila del desierto
fue arrasada por la mentira de un espacio con tragamonedas.
Caminé toda la carretera como un mortal cualquiera
Me perdí arriba del agujero que follaron los cristianos
Vi los ojos de la historia
en la niña virgen que sangraba en los baños de esas Torres.
Vi los ojos del Apocalipsis
encima de las masas
y no pude seguir.

     ¿Cuántos ojos
     se plantaron sobre mí
     en ese instante?

Todas las hojas ya volaron,
las fui dejando una a una encima de los Anales
perdiendo su rastro
el día en que los del más allá
esgrimieron en los cielos
la mayor obra poética que pudimos imaginar para Occidente:

 Su  Autodestrucción.

No vi ojo alguno desde las alturas.
Sólo volví a ver dos zapatos colgando en la ventana
del último piso de las Torres Gemelas.
Caminé a los brazos del mal padre
y supe que la muerte estaba ahí

 ¿Y las hojas?

        Cayeron como un latino más desde las ventanas.
        Cayeron en busca del sueño americano.

         

 

 

             Nadie sabe ya dónde estarán.

 


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