
Marco, el mundo de la víctima
y el mundo del verdugo
son dos rectas paralelas.
El Juez que te mandó al SENAME
nunca contemplará tus ojitos clavándose en el techo,
lagrimosos,
esquirlas ontológicas de una vida
que se arrastra por los tejados de la infancia perdida antes de tiempo.
Él era el primero del curso en el San Ignacio.
Él encontró la Ciudad de los Cesares antes del atardecer vital.
Tú no.
Eres la otra punta de esta línea recta
que se pierde más allá de la Historia.
Un colado más en esta Danza de la Muerte.
Tú también, Bobi.
Tú también.
Cuando te tiraron en pelota al baño de la cárcel
entendiste que la Democracia no era más que un eufemismo.
Cuando te la tenían bien adentro,
rompiéndote las costras nuevamente,
supiste que la Ética no era más que un silencio,
un agujero negro
que se traga todos los dolores:
El dolor es un dólar culiao, decías.
El psicólogo que te asignaron
quiso ver en tus ojitos azules
-únicos en esta pobla de ojitosnegroscansados-
la relación de la pasta con la violación,
la relación de la pobreza con las patologías demóticas que aprendió en la Universidad:
tenía que pagar las cuentas, como todos nosotros,
tenía que pagar los gastos comunes en el edificio
y lo único común entre estos dos mundos
es el cristal que los separa, Marco.
Repasa la materia antes de la prueba,
juega tus últimos años de juegos sin fuegos arriba del oráculo
que Unos seguirán siendo condenados,
Otros fagocitarán con sus condenas.
Unos y Otros seguirán en universos simbólicos paralelos
mientras en las ventanas tiritonas de estos edificios
se seguirá escuchando un rumor que viene desde lejos,
el réquiem de un instante extraviado:
El secreto que tiene a los pobres
aún de cabeza en el silencio.
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